Milán: Duomo, Castillo Sforzesco y Última Cena

Llegué muy temprano a Milán, el ingeniero francés  con el que viaje en tren desde París me dijo cómo llegar hasta el hostel. Dejé mis cosas y como era muy temprano me quede un rato hablando con el dueño del hostel que era un tano muy charlatán del sur. En realidad no era un hostel tradicional, era como un hotel con habitación compartida.

Después me fui a recorrer un poco la ciudad. Primero vi el Duomo (catedral) que es hermosa por fuera porque es casi toda de mármol. Por dentro es gigante, por la info que leo ahora, entran unas 40.000 personas, más que en varias canchas, por ejemplo la de Independiente.

Desde la torre se puede ver una buena parte de la ciudad y se ve desde otro punto de vista la catedral.

Después fui a reservar para ver La ultima Cena. Como es uno de los principales atractivos de la ciudad, va muchísima gente y por cuestiones de seguridad, solo se puede entrar por grupos reducidos. No había lugar pero lloré un poco, diciendo que era el único día que iba a estar en la ciudad y no tendría otra oportunidad de verla, entonces me dijeron que vuelva antes de la una para ver si se hacia un lugar. Mientras, me fui a conocer el Castillo Sforzesco, que es de la época medieval y funciona como museo. Bastante interesante sobre todo para ver el edificio y alguna de las cosas que hay adentro.

Luego salí con tiempo de sobra para llegar a ver la última cena, pero como me perdí llegue justo 5 minutos antes como me habían dicho. Pude entrar finalmente, la verdad que la hicieron complicada para robarlo. Primero porque es un pedazo de muro enorme y segundo que hay que pasar por tres puertas que se abren automáticamente. Adentro no se puede filmar ni sacar fotos ni siquiera sin flash. El cuadro es interesante pero supongo que lo valorarán más lo que entienden y los que saben de historia religiosa o de arte, o sea no era mi caso. Está lleno de simbología que la guía explicaba y yo asentía.

Después comí y quise entrar a un museo de ciencias en el que tienen muchas cosas de Leonardo pero esta cerrado hasta septiembre por arreglos.

Camine muchísimo, así que estaba muerto (supongo que también se iba sumando el cansancio de todos los días que ya había caminado tanto y que la noche anterior había dormido en la litera del tren y pocas horas), asi que me volví al hostel a darme una ducha y me quede haciendo tiempo para ir a comer. Comí unos ñoquis en un restaurante italiano italiano pero con cocinero japones. Que le vamos a hacer.

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