Primeros pasos

Arrancamos nuestro viaje desde Córdoba, salimos un martes a dedo con rumbo a Tucumán. La experiencia fue muy buena. Primero un camión nos llevó hasta Jesús María, luego un camioneta nos acercó al cruce de la ruta 60 y ahí encontramos un camión estacionado, el chofer tucumano había parado para cambiarle el agua a las aceitunas (aclaración para extranjeros, esta es una expresión para decir que estaba orinando) al costado de la ruta. Tenemos dos hipótesis sobre el Tucu, o tenía demasiadas historias vividas o era muy mentiroso el chango. Contó que una vez un compañero de trabajo le confesó que era gay y que aunque el no tenía nada en contra, no quería saber nada. Pero que una vez en un pueblo de Buenos Aires pararon con los camiones frente un cabaret en el que era aparentemente para gays y que había muchos trabas y que no sé sabía si lo que veían era hombre o mujer, y cuando le preguntamos que pasaba si lo encaraba un traba lindo y dudó. Después contó que tenía una maestra amante y que una vez levantó a otra maestra que le dijo que su fantasía era acostarse con un camionero así que ahí nomás tiró el camión al costado de la ruta y le cumplió la fantasía. En el rubro policial, una vez su perro lo salvó de que un ladrón lo apuñalara, para eso saltó por encima de él y se prendió del brazo del ladrón mientras él metía la panza y el cuchillo alcanzó a cortarle la remera.

Nos dejó a 30 kilómetros de Bella Vista que era nuestro destino. Después de hacer dedo una media hora y  que pasara el colectivo urbano y no nos levantara, paró un colectivo limonero, es decir que se encarga de llevar obreros a cosechar limones y tuvimos tanta buena suerte que resultó ser vecino de los abuelos de Lu, así que nos dejó en la puerta de la casa. El viaje a dedo en esta etapa fue tan bueno que nos ilusionamos que el resto también sería fácil, gran error. 


Al día siguiente fuimos hasta San Miguel de Tucumán, paseamos un poco y fuimos hasta la casa de la independencia. Vimos que la entrada estaba a $40. Estábamos pensando si entrar o no. Y mientras estábamos en esa duda, la boletería se llenó y decidimos pasar y ver el primer patio y si nos gustaba volvíamos hasta la entrada y pagábamos, pero una vez adentro, nos dimos cuenta que ya estábamos adentro, así que seguimos nomas. Recorrimos con la alegría que sienten los niños cuando saben que hicieron una travesura. Encima casi mangueamos una empanada y un vino en un evento que había, pero nos pareció demasiado.


El jueves nos despertamos a las 6 de la mañana y fuimos con el colectivo limonero hasta Taficillo, donde están las principales fincas de limones. El colectivo va levantando cosecheros en distintos pueblos. Cada bus tiene asignada una cuadrilla de obreros que viaja junto a su capataz y cuando llegan a la finca ya tienen asignada las lineas de árboles que le corresponden. Cada uno tiene un bolsa tipo morral que van llenando y luego tiran en unos cajones que se llaman bins. Les pagan por cajones que llenan, o eso entendimos. Ese día estaban molestos porque los cajones estaban atrasados y no llegaban los vacíos por lo que no tenían cajones para llenar y cobraban menos.

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También aprovechamos para conocer el pueblito de Tafi Viejo, que tiene una plaza hermosa, con una fuente muy original.

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Fuente mecánica con movimientos hidráulicos

A la noche fuimos a hacer una despedida bien tucumana, eso significa sandwich de milanesa y empanadas.

El viernes a la mañana comenzaríamos a alejarnos de nuestros pagos. Habíamos convenido con Jorge Funes (el chofer del colectivo limonero) que iríamos con el hasta Tafí Viejo y desde ahí empezaríamos a hacer dedo. 6:30 estuvimos paraditos en su puerta pero no salio, supusimos que no iba a haber cosecha por la falta de bins (cajones) así que nos fuimos caminando a tomar un bus hasta donde pudiéramos hacer dedo y cuando estábamos esperando el bus, apareció nuestro héroe con su bus limonero. Le hicimos señas y subimos, se había quedado dormido. Nos bajamos en Tafi Viejo y ahí comenzó la parte complicada. Nos habían dejado sobre una autopista, lo que hacia muy difícil que nos levantara alguien. Después de mucho esperar, nos resignamos y tomamos dos buses interurbanos hasta poder salir de la autopista. El chofer del segundo bus, se copó con nosotros y nos llevó mas de lo que habíamos pagado y nos dejó en un lugar donde se suponía que pasaban muchos camiones y nos levantaría alguno. Pero otra vez, nada. En la estación de servicio que estaba al frente Lu le rogó a un camionero boliviano y logro convencerlo de que nos llevara. Este chofer también nos contó algunas historias. Un colega boliviano que transportaba combustible, fue demorado en la frontera porque sospechaban que traía drogas, pero como para inspeccionarlo tenía que estar un fiscal, mientras esperaban que llegara, el chofer se bajó del camión y se internó en el monte salteño y llamó a otro camionero que lo recogió y lo llevó hasta la frontera donde lo cruzaron en una balsa. Después nos contó que su hermano vive en España y cuando le preguntamos a qué se dedicaba el hermano, dijo con normalidad que se dedica “al delito”. Le mandan droga desde Bolivia y él la distribuye en España.

Nos bajo a unos 150 km de Salta y ahí comenzamos a hacer dedo de nuevo y por suerte un maestro que volvía a su casa, después de haber trabajado toda la semana en una escuela rural, nos llevo hasta Salta donde tuvimos que hacer noche ya que no quedaba demasiado tiempo para que oscureciera y no queríamos arriesgarnos a estar en la ruta de noche haciendo dedo.

Al día siguiente salimos en un bus hasta Jujuy y ahí tomamos un colectivo que no estoy seguro si es urbano o es interurbano, ya que tiene un precio similar al boleto de Córdoba, pero llega lejísimos. Nos bajamos en un pueblito que se llama León, ahí esperamos más de una hora para que alguien nos levantara. Por fin dos señoras nos llevaron hasta Purmamarca, ilusionados pensamos que empezaba a cambiar la suerte, y para festejar fuimos a comer las increíbles empanadas de charqui de llama que venden en El Rincón de Claudia Vilte, que ya las recomendamos en el post de nuestro viaje por el norte. Después de disfrutar las empanaditas volvimos a la ruta con mucho animo, que después de 3 horas de hacer dedo quedo hecho pedazo.

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Cerro de los 7 colores

Purmamarca es un pueblo precioso y que te permite soñar mirando el fantástico paisaje que lo rodea. Pero uno deja de disfrutar todo eso cuando algo se complica o te cambian los planes. Gran parte del encanto del pueblo es justamente que esta rodeado solo de paisaje, su rusticidad y su tranquilidad. Por eso, a pesar de ser super turístico no ha desarrollado sus servicios. Hay una sola boletería de pasajes que no incluyen viajes a Chile y no hay internet. En la boletería nos podían vender el pasaje a Chile, pero como es de otra empresa (Andesmar) y no tenían internet, no nos podían imprimir el pasaje y lo teníamos que imprimir nosotros o comprarlo por internet y ver donde lo imprimíamos. Por suerte otra compañía, Pullman nos dejaba reservar por teléfono y encima era mas barato el pasaje.

 

Así fue como el lunes llegamos a Calama a la casa de Joseph. Nuestro primer anfitrión de Couchsurfing era de Hong Kong pero estuvo viajando varios meses por Argentina así que habla un español demasiado porteño. En realidad creo que es un espía argentino en Chile que para que no lo descubran se disfraza de asiático. Lo van a descubrir cuando vean que en su alacena guarda dulce de leche y fernet o cuando le diga boludo al jefe, como cuando putea mientras maneja.

Joseph nos recomendó ir a hacer el tour por la mina de Chuquicamata que es gratuito y sale todos los días de lunes a viernes. Acá les dejo un articulo con algo de información para los que les interese hacer el tour, pero tengan en cuenta que ahora sale a las 13 y no a las 14 como dice la nota. El tour es totalmente gratuito, solo piden una donación al final para una causa solidaria. Primero se conoce el pueblo fantasma, que quedo vacío después que terminara el proceso para trasladar toda la gente que vivía al lado de la mina hasta barrios de Calama. La principal razón fue el alto nivel de contaminación y ademas las leyes actuales no permiten que las personas residan tan cerca de las minas. Fue un proceso que duro 10 anos hasta que las ultimas personas fueron trasladadas. Muchas de las casas, y hasta un hospital, fueron sepultados por los derrumbes que se producen en las tortas de material que se acumulan con los desperdicios de las minas. Actualmente se decidió que el lugar quede inalterado para convertirlo en un museo al aire libre.

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Graffitis con apellidos de quienes vivieron
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Pueblo fantasma, con iglesia, almacenes y plaza

 

Esa noche salimos para Iquique que tiene una zona franca que se supone más barata, pero la verdad que fue un fracaso.  Hay menos variedad de cosas que en Calama y la tecnología sale lo mismo o más caro. Así que vale la pena ir solo si quieren conocer la ciudad, pero no para ir a hacer compras. La ciudad es interesante, tiene varias zonas: playa, puerto, montaña, una zona de villa emergencia muy grande, una duna gigante, un área moderna de edificios altos y una zona colonial con una peatonal muy bonita. Nosotros aprovechamos para caminar bastante por la ciudad entre que llegamos y que abría el  ZOFRI. Entramos a un museo gratuito en el que se puede ver colecciones relacionadas a los indios de la zona, arqueología, momias y de todo un poco. También hay mucha información de la masacre de los obreros salitreros de 1907, en la que se acribilló a más de 1000 hombres que pedían que se les dejara de pagar con fichas que solo se canjeaban en determinados almacenes. Algo similar a lo que pasó en alguna etapa de la historia argentina.
A la tarde regresamos a Calama.
Cuando llegamos compramos los pasajes para salir al día siguiente a las 6 de la mañana a Uyuni. Algo raro para nosotros, y también para Joseph, es que en Calama no hay una sola terminal, si no varias, por lo que para averiguar y comparar precios hay que caminar bastante. Pagamos 10000 pesos chilenos cada uno.

El viaje duró unas 9 horas y fue bastante tranquilo. La frontera se atraviesa rápido y no nos revisaron nada. Y mientras se espera que los demás pasajeros del bus terminen el trámite, se puede disfrutar de la vista del volcán Ollague y comer una especie de guiso boliviano con carne, fideos y papas chuño.

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Volcán Ollague en frontera Chile-Bolivia

La experiencia de Uyuni la contamos en el próximo post.


Pueden ver un video y algunas fotos de lo que recorrimos hasta acá en nuestro Instagram:
 https://www.instagram.com/alto_viaje/

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