Chiclayo: Conociendo al hombre de las joyas, el Señor de Sipán

En Chiclayo disfrutamos de muchas cosas. Entre las principales: haber formado parte de una familia hermosa, haber estado en una granja con un montón de animales y unos perros hermosos y haber conocido uno de los mejores museos de Perú. Pasen y disfruten con nosotros.

En todo Perú nos hicieron la misma advertencia: ojo en la ciudad X porque es peligrosa. La X puede ser cualquier ciudad, porque a cualquiera que íbamos nos decían que era peligrosa y que teníamos que ser cuidadosos. Ya salimos del país y por suerte no vimos ningún hecho delictivo. Bueno, en realidad vimos uno, pero lo cuento en el siguiente post, porque en el pueblo donde pagamos una multa, cerca de la frontera, nos enteramos de un asesinato a manos de un sicario. Los camioneros que nos llevaron hasta Chiclayo nos asustaron bastante, cuando le dijimos a qué barrio íbamos, el chofer puso cara como diciendo: ¡Que Dios los ampare! Como teníamos que hacer un poco de tiempo antes de ir a la casa de los padres de Raúl, nos metimos en el primer comedor que encontramos apenas nos bajamos del camión y nos pedimos un combinado, que es un plato que trae de todo: fideos, verdura, arroz chaufa, carne de res, de pollo y de cerdo. Mientras morfabamos vimos una de las clásicas películas de Terence Hill y Bud Spencer.
En la casa de Victor y Elena realmente nos sentimos como en familia. Son unas de esas raras parejas que están juntos hace más de 40 años y todavía se demuestran amor y sueñan con las mismas cosas. En la casa viven todos los hermanos de Raúl y sus sobrinos y sobrinas. Siempre almorzamos juntos y a la tarde compartíamos el lonche, que sería una merienda fuerte como para no cenar. De a poco nos habíamos acostumbrado a no cenar, pero ya se nos pasó, así que ahora estamos cenando de nuevo, y mucho.

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Al día siguiente de haber llegado nos llevaron primero a recorrer el centro de la ciudad y después a conocer su granja. En la ciudad recorrimos un paseo que hicieron con muchas estatuas que muestran figuras representativas de la civilización mochica, su cosmovisión y la evolución de esta cultura a otra.

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La granja está en otro distrito, en Lambayeque, en una zona rural. Apenas nos bajamos del auto ya teníamos a los perros saltándonos para jugar, sobre todo al labrador más viejo.

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Después fuimos a ver todas las aves de corral, tienen de todo: pavos comunes y reales, gallinas comunes y otras raras, patos y alguna más que no me acuerdo. También tienen chivos y chanchos. A eso le sumamos la cantidad de árboles frutales que hay y con eso Lu ya estaba en su lugar soñado. Hicimos cosas de chico de pueblo que se fue a la ciudad y extraña. Regamos un poco las plantas, le pusimos agua a los patos y volvimos a jugar con los perros. Antes de terminar la visita abrimos un coco para cada uno y tomamos agüita de coco hasta quedar llenos.

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El segundo día fuimos hasta Pimentel, la playa de Chiclayo. Primero caminamos para un lado y después para el otro. La playa es muy amplia y se puede ver cómo los barcos de pescadores luchan contra la corriente para salir al mar, mientras los pelícanos le ponen gracia al paisaje. Hay un muelle que es el más largo de Perú, hay que pagar dos soles de entrada, nos pareció que no valía la pena, así que solo caminamos por la playa. Después de dar varias vueltas para ver dónde comíamos, entramos a un restaurante con terraza y vista al mar. El paisaje era muy bueno, mucho mejor que la comida. En muchos restaurantes de Perú tienen el mismo defecto, sirven todo a la misma temperatura, bebida y comida. O sea, todo tibio.
Cuando terminamos de comer bajamos a la playa y nos metimos un poquito al agua, que en esa altura del Pacífico todavía es fría. Supongo que por eso y que estuvimos en temporada baja, no había casi ningún turista. La gente se notaba amable, y no solo los que se dedican a la venta. El resto de la tarde alternamos entre mojar los pies y jugar con un perro que se nos acercó en la playa y que no quería que nos metiéramos al mar así seguíamos jugando con él. Cuando nos aburrimos volvimos a Chiclayo.

Sin duda que el punto turístico más interesante es el museo del Señor de Sipán. Es fabuloso. La arquitectura fue inspirada por la pirámide donde fueron encontradas las tumbas reales del Señor de Sipán y la del Viejo Señor del Sipán y por eso tiene su misma forma. En esa pirámide había, en distintos niveles, múltiples entierros de los líderes máximos de la civilización de mochica. El museo muestra y hace entender esta cultura y la importancia que tenía la muerte para ellos, pero además creo que sirve de monumento y homenaje al trabajo de los arqueólogos, ya que muestra cómo estaba la pirámide cuando iniciaron los trabajos en 1987 y las distintas etapas que atravesaron para poder sacar a la luz uno de los descubrimientos más importantes de la arqueología peruana. La zona ya estaba invadida por saqueadores (conocidos como Huaqueros, huacas son los lugares sagrados), cuando llegaron los expertos había una tumba que ya había sido limpiada por estos muchachos y después de mucho trabajo, incluso con apoyo del FBI, solo se va recuperando el 7% de lo que se supone que puede haber tenido la tumba.
En el museo se va recorriendo con fotos paso a paso como iban encontrando las cosas y luego está la cosa. Por ejemplo, en la tumba del Señor de Sipán había un collar hecho con cuencas diminutas, entonces hay una foto de cómo estaba puesta en el cajón fúnebre y cual era el estado y luego se ve como quedó el collar después de la restauración. Dentro de cada cajón había muchísimas capas, con distintos vestidos y diferentes joyas. Para que se den una idea del valor de las joyas, de la tumba saqueada se recuperó en USA la corona real, que un contrabandista estaba por vender en 160.000 dólares. Lamentablemente, en este museo no dejan sacar fotos, es lo único negativo. Pero en la página hay mucha información.
La tumba del Señor de Sipán fue la primera que encontraron y no estaba solo, lo acompañaron un sacerdote, la esposa y otra mujer, un niño con un perro y dos guardianes para todas las ofrendas que llevaba. Antes de este descubrimiento en muchos otros sitios arqueológicos se veía una figura a la que las distintas tribus le hacían ofrendas y se creía que era algún tipo de Dios, pero al ver la cantidad de ofrendas con que lo enterraban y el valor y complejidad de las joyas que tenían puestas, concluyeron que los dibujos o representaciones en realidad se referían al Señor de Sipán, líder de los mochicas.
Siguieron excavando y varios metros más abajo encontraron otra tumba de similares características, pero con ornamentación un poco más rústica. Por la datación que hicieron, suponen que fue un antecesor, por eso lo de Viejo Señor de Sipán.
Además de mostrar todos los hallazgos de esas dos tumbas y tener una sala especial para la que fue saqueada, hablando del contrabando y del trabajo de recuperación, hay una exhibición con unos muñecos con animación  electrónica, que muestran cómo era una ceremonia de esta cultura. Entonces hay músicos que parecen tocar sus instrumentos, hay un sacerdote levantando su copa ceremonial,  hay guerreros  blandiendo sus armas. Y por supuesto que está el Señor de Sipán, que va sentado en su silla y es levantado por cuatro sirvientes. Para el que se permite volar es muy interesante, es una forma de por unos minutos vivir con los antiguos dueños de estas tierras.

Después de varios días de vivir en familia, nos despedimos de todo ese cariño para seguir nuestro viaje con rumbo norte, nos esperaban en Cancas, un pequeño pueblito de pescadores, que está tan poco promocionado que hasta Google Maps lo tiene mal ubicado.

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