Cancas: playas hermosas y desconocidas hasta para Google

Cuando buscábamos alojamiento por la zona de Máncora nos aparecía el hotel Mamaqocha en un lugar llamado Cancas, al mirar en el mapa, figuraba lejos de la playa, pero igual fuimos, ya veríamos qué hacíamos. Por suerte nos arriesgamos, es un pueblo con una playa hermosa, bastante más que la turística Mancora.

El viaje desde Chiclayo a Cancas tuvo sus sorpresas. Desde la casa de Victor y Elena caminamos unos kilómetros hasta alejarnos un poco del tráfico más pesado. En las estaciones de servicio preguntábamos a los camioneros y nadie podía o no iban para ese lado. Parados al costado del camino, mirando como todos pasaban, ya estábamos pensando qué se podía hacer y en eso pasa un hombre y nos pregunta para dónde íbamos, y nos dice que si lo esperamos que termine de cargar combustible en su camión él nos lleva. Por supuesto. Después esperamos en otro pueblo un rato largo, frenó una camioneta, eran dos empresarios, que iban tomando latas de cerveza y cuando nosotros subimos aparentemente ya habían tomado más de una cada uno. El acompañante, que había tomado más estaba preocupado porque su hijo de 17 salía con una de 24 y le decía que se juntaban a estudiar, pero él no le creía. Nosotros íbamos atentos y con cierta desconfianza. Ellos iban hasta un pueblo que se llama Sullaga, cuando nos iban a dejar, el chofer empieza a sacar plata y yo tenía miedo que me pidiera que me bajara a comprar algo y se fuera, entonces ya estaba pensando un excusa. Y en eso nos dice que como la ciudad es muy peligrosa agarráramos la plata y nos fuéramos sí o sí en bus. Sorprendidos, aceptamos. Justo estaba saliendo un bus así que nos estábamos apurando y el acompañante se pone a saludar y a hablar con Lu, y le dio más plata porque le caímos bien y quería darnos algo.

A Cancas llegamos junto con el atardecer y pudimos ir a ver unos minutos la playa antes de que terminara de esconderse el sol. Con esos pocos minutos ya nos enamoramos.

img-20161010-wa0024img_2748Aunque el lugar era un hotel, nosotros paramos con Couchsurfing, no podíamos creer la suerte que teníamos de parar en un hotel sobre la playa, con hamacas paraguayas, sombrillas de paja y un quincho buenísimo, gratis. Y encima la playa la vimos limpia y muy amplia, con un mar de olas espectaculares para revolcarse.

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No hicimos demasiadas actividades, un poco por vagos, otro para ahorrar y otro porque con estar ahí ya nos sentíamos felices.
El segundo día sí fuimos hasta Máncora para conocer y hacer unas compras, porque en el pueblo hay muchas cosas que no se consiguen o que son más caras. Mancora es súper turística, había gente de todos lados. Pero no nos pareció tan linda, el mar fue comiendo metros de arena y ahora la playa es bastante angosta. Hay muchos restaurantes, pero sufrieron la invasión argenta y hay muchos negocios de argentinos. Así que nosotros caminamos hasta que encontramos uno que no ofreciera parrilla y encontramos uno, que era de dos hermanos irlandeses, y nos pedimos un plato con 4 tipos de comidas de mar.
Cancas es un pueblito de pescadores, con esas costumbres que extrañamos los argentinos de nuestros pueblos. La gente deja la puerta abierta, las motos afuera, los chicos juegan a la rayuela o a la pelota en la calle, y todos saludan cuando pasan a tu lado.

Son cosas que no las vimos en otras partes de Perú. Lo único negativo del pueblo es el poco amor por los animales. Todos los perros están en la calle (ruta Panamericana), muchos enfermos y la gente solo le da de comer lo que le sobra, no hay cultura de vacunarlos ni castrarlos. A veces el hombre compite contra el animal, pero con armas pocos dignas, los lobos marinos rompen las redes de los pescadores y también se llevan pescados, entonces los pescadores los envenenan. Vimos varios lobos muertos, también un par de tortugas y anguilas. A veces los pescadores son amigos de las aves, cuando filetean los pescados para hacer cebiches, tiran las sobras a la playa, o al aire, para que los pájaros puedan comer. Cuando uno caza una presa en el aire los demás lo persiguen hasta que traga el pescado.

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Unos días después de nuestro arribo, llegaron al hotel, también como invitados, el Chapulín Colorado y Neil, dos personajes hermosos. El Chapulín en realidad se llama Armando y es un venezolano que se cansó de que no le alcance la plata y se fue de su país. Ahora está viajando por todo Sudamérica en su bicicleta. Como es barbero aprovechó para trabajar un tiempo en Colombia y ahora sigue viaje. Va vestido del Chapulín porque quiere llevar a los niños el mensaje de que los verdaderos héroes no tienen súper poderes, como el Chapulín que no tenía ninguno y sin embargo se anima a enfrentarse con cualquiera para ayudar a quienes lo necesitaban. Armando es campeón de triatlón en su país, y justo había una competencia en Cancas y quería participar pero no tenía dinero para la inscripción. Así que Lu lo acompañó a hablar con los organizadores media hora antes que empezara la carrera y lo dejaron competir.

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Como buen Chapulín, casi se ahoga apenas empezó a nadar y tuvo una caída cuando terminaba una de las vueltas en bici. Cuando llegó a la meta se emocionó muchísimo y fue una alegría y un orgullo para todos verlo terminar de pie y en un buen puesto, aun sin haber tenido tiempo para preparar la carrera. Neil es un peruano que está poniendo a punto su moto 50 para poder viajar el año que viene por Sudamérica. Así que lo esperaremos por Córdoba a ver si llega. Fue hasta Cancas para probar su poderosa.

La noche que llegaron ellos también llegó una pareja amiga de Ilich, el dueño del hotel, así que hicimos un asado. Para acompañar lo que había comprado él, fuimos hasta el puerto a comprar algún pescadito. Todos los pescadores estaban limpiando sus productos para luego distribuirlo por los restaurantes o despacharlos para otros pueblos, pero también venden a los vecinos que van a comprarles. No es común hacer pescado a la parrilla, así que no sabían muy bien qué vendernos. Nos decidimos por un congrio que me lo dieron sueltito nomas, así que lo llevé con un dedo enganchado de la boca hasta el hotel, tenía tanta pinta de pescador que un fotógrafo que había ido por lo de la triatlón me sacó una foto. Lo hicimos en papel de aluminio bien adobadito y quedó buenísimo.

Los pescadores están preocupados porque la pesca ha disminuido los últimos años, entonces el alcalde dice que quiere convertirse en una ciudad turística. Hay que ver cómo familias enteras que viven de la industria de la pesca, se reconvierten en el negocio del turismo. Es normal que un padre pesque con los hijos y que su esposa e hijas se dediquen a filetear el pescado y hacer ceviche.

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La pesca es un trabajo familiar

El principal atractivo es el avistamiento de ballenas, pero también se pueden ver delfines, lobos y tortugas marinas y se hace pesca de altura (pez espada, atún o merlines en alta mar). Todavía le falta desarrollar mucho, por ahora tienen algunos hoteles y varios restaurantes, pero las operadoras turísticas están en Mancora o en Zorritos, entonces la plata queda ahí. Nosotros fuimos a buscar ballenas con unos pescadores. La diferencia es que pagamos 100 soles por los dos y si no, nos salía 120 cada uno. Claro que los otros van en un yate y van pescando y te cocinan lo que pescan cuando termina el paseo. Nosotros también tiramos una línea pero no pescamos nada. Vimos algunas ballenas, aunque de lejos. Pudimos observar un poco cómo nadaban y se escondían. También vimos una mantaraya saltando. Y para Lu, que tenía un poco de miedo de estar tan lejos de la costa, también el viaje tuvo su cuota de adrenalina.

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Lo que se ve de lejos es una ballena

Otra de las cosas que hicimos fue sumarnos a una clase de cocina. El gobierno nacional en su intento por desarrollar las gastronomías regionales, envía un cheff de Lima para capacitar a los cocineros de las distintas zonas del país. Conocimos al cheff porque iba todas las noches a tomar una chela a Mamaqocha y charlando nos dijo que si queríamos que fuéramos. Así que fuimos a ver un par de clases en la que enseñó a hacer tequeños rellenos de ceviche, chaufa blanco con magrette de pato, chaufa de mariscos con pulpo a la parrilla, arroz con mariscos, chicharrón de pescado. Y lo mejor es que nos prendimos el último día para compartir un cordero al palo, como lo llaman ellos y que sería a la estaca para nosotros. Era un solo cordero para 32, hicieron milagro y lo acompañaron con papa y arroz y alcanzó para todos. Eso sí, cerveza había muchísima. Nosotros nos encargamos de adobar el cordero, lo manteníamos hidratado con un chimichurri que preparó el cheff y después le pusimos un poco de cerveza negra.

20160930_185212Fue una noche muy linda, charlamos con mucha gente y nos divertimos mucho, pero como no podíamos decir que no a la cerveza, al día siguiente sufrimos las consecuencias.
Una de las cosas más lindas de nuestra estadía fue jugar en la playa con Baloo, el labrador de 6 meses que tienen en el hotel.

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Nos despedimos de Cancas comiendo a full. Había estado cuidándome unos días por una infección intestinal, pero la anteúltima noche nos morfamos una parihuela de langosta y el último día Lu hizo tallarines caseros con tinta de calamar, el cheff hizo una salsa de mariscos bien peruana con chicha y yo hice una salsa de pollo. Hicimos como para 15 y eramos 6, así que a la noche comimos lo mismo y quedó más todavía.
Fue una estadía larga para lo que acostumbramos, pero la disfrutamos. Cancas es un lugar super recomendable para quienes quieren una playa tranquila, limpia, con buenas olas y excelentes personas que lo van a saludar cada vez que lo vean. También es un lugar que van a disfrutar quienes quieran ver fauna marina en su hábitat.

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