Cuenca: de menos a más

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La salida de Perú y el ingreso a Ecuador nos trajeron nuestros primeros dolores de cabeza serios en el viaje. Por suerte la mala racha duró poco y la onda del viaje cada vez mejora un poco más.

Cuando quisimos salir de Perú nos enteramos que teníamos que pagar una multa por habernos excedido 8 días en lo que dijimos que íbamos a estar (se paga 1USD por día, así que conviene siempre decir de más). Para abonarla teníamos que ir al pueblo más cercano, que está como a 20 minutos. Salimos tan caliente de migraciones que al taxista que nos ofreció llevarnos Lu le contestó re mal y el tipo terminó ofreciendo llevarnos gratis. Pagamos en el banco y después queríamos llegar caminando hasta la ruta para hacer dedo y en una esquina un señor nos hace seña que no siguiéramos por donde íbamos y vimos policías a media cuadra, entonces fuimos hasta donde estaba el señor y le preguntamos qué pasaba. Nos dijo que no fuéramos por esa calle porque era demasiado peligrosa y le preguntamos por qué había policías, nos contó que unos sicarios acababan de matar una vecina y que unos días antes habían matado al hermano de la chica. Así que nos tomamos una mototaxi (casi salimos de Perú invictos de ese medio de transporte) y nos fuimos hasta la frontera de nuevo. Como no era nuestro día, ahora había una cola enorme y se había caído el sistema, así que demoramos más de una hora en hacer el trámite.

Lo bueno fue que Lu habló con un ecuatoriano que nos podía llevar hasta Puerto Inca (un pueblo que no es puerto y donde nunca vivió un inca). De ahí tomamos un camión para Cuenca. Nosotros queríamos ir a esa ciudad para conocer Baños, donde habíamos visto varias actividades muy copadas. Casi llegando a Cuenca le contamos eso al camionero y nos dice que el Baños turístico es otro. Con Lu nos miramos y nos queríamos matar, pero aceptamos lo que el viaje nos daba. El camino fue muy lindo, se atraviesa el parque nacional Cajas, entonces la ruta es ecológica, es decir que no pueden ir camiones con ningún material tóxico. Las nubes estaban tan bajas que le veíamos el techo y parecía que íbamos por el medio del cielo.
Llegamos bastante tarde a Cuenca y fuimos hasta la casa del Couchsurfer que nos iba a recibir y no había nadie, alguien nos prestó el teléfono, lo llamamos y no atendió nunca. Así que tuvimos que ir a un hotel. Buscando alojamiento nos cruzamos con un artesano de Buenos Aires que nos dice que él está parando en uno muy barato. ¡Y vamos! Llegamos y era un desastre, todo sucio, ni una olla para cocinar, el dueño puteando a todos porque le debían y amenazándolos que los iba a echar, los pibes que eran todos artesanos dejándole bolsas con comida o ropa en garantía. Como todo el mundo le debe, no le pueden dar la llave a nadie porque se rajarían, así que todo el que quiere entrar o salir tiene que tocar timbre.
Al otro día nos levantamos y salimos a caminar un poco por el centro.
El centro de Cuenca es muy lindo. Es bien colonial, tiene muchísimas iglesias, hay muchos bares y restaurantes, tienen varias plazas muy bien cuidadas y por la ciudad pasan varios ríos, así que se puede pasear por sus costas disfrutando de mucho verde. La catedral es twn larga, que creo que no hacen casamientos porque la novia llega cansada al altar.

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Había otro couch que nos había aceptado pero volvía a la tarde de viaje. No nos mandó el teléfono ni la dirección así que por la página tratábamos de que nos pasara esos datos y nada. Al mediodía fuimos a buscar nuestras cosas al hotel y nos fuimos a comer frutas al río y después anduvimos por algunas plazas haciendo tiempo y aprovechando que en Cuenca en todas las plazas hay wifi gratuito. Al final se hizo de noche y tuvimos que ir a un hotel de nuevo. Esta vez gastamos un poco más y fuimos a un hostel lindo. Al otro día cuando nos levantamos teníamos un mensaje de Louis, que era el couch que tendría que haber llegado la noche anterior. Era un norteamericano de 64 casado con una ecuatoriana de 37. Nos pudimos poner en contacto y mitad en español y mitad en inglés nos explicaron como llegar a su casa que estaba a 20 minutos del centro de Cuenca. Por fin teníamos una casa. Llegamos a lo de Louis al mediodía y como no teníamos ganas de volver a viajar hasta el centro, nos quedamos todo el día en la casa.

El último día que teníamos para pasear por la ciudad, nos despertamos temprano y nos tomamos un bus hasta el centro (salen 25 centavos de dólar), y de ahí otro a el mirador de Turi. Es un barrio en un cerro, que tiene una iglesia, un mirador y varias tiendas. La vista que hay de Cuenca es buenísima.

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Después de mirar algunos minutos la ciudad, yo ya empezaba a aburrirme así que empezamos a ver que más se podía hacer. Y justo Lu vio que pasaba volando una hamaca. ¿Vamos a ver que hay? ¡Vamos! No era lo que nosotros habíamos visto en las fotos de Baños pero era parecido. Había una casa del árbol, había para hacer canopy, un columpio chico y otro columpio hermoso que cuando ibas hacia adelante veías toda la ciudad y parecía que te caías sobre ella. La entrada salía un dólar y el columpio eran dos más. Nos encantó. Estaba bastante alto y cuando te largan se siente una sensación de vacío terrible.

Después de eso bajamos caminando el cerro y encontramos un lugar en el que vendían cerdo a la parrilla, compartimos un plato y pedimos algo más para completar y empezamos a caminar para ir al centro. Volvimos a ir al Parque de la Madre, que es una de las plazas que hicimos tiempo el primer día. Descansamos un poco ahí y decidimos que era suficiente de Cuenca. Nos volvimos a lo de Louis y ahí renegué viendo el partido que Argentina empató 2 a 2 con Perú.
Con nuestro anfitrión no interactuamos mucho, a pesar de tener una casa hermosa solo usaban la habitación. Nosotros pensamos que podía ser porque era norteamericano o por la edad, pero luego vimos aspectos similares en otros anfitriones ecuatorianos. Ya nos habían dicho que en Cuenca vivían muchos jubilados de EEUU y Louis nos contó que tiene una jubilación de 500USD, que en su país con eso no hace nada y acá vive bien. Se conoció con su esposa por una página, Latin Chat. Ahora tienen una hija de 8 meses.

La mañana del último día caminamos con nuestra mochila por la zona rural donde vive Louis y luego fuimos en un bus hasta una zona de la ruta donde ya podíamos hacer dedo. Si la fortuna no nos había sonreído con los anfitriones, sí lo haría con los chóferes para que pudiéramos movernos rápido. Siguiente destino Guayaquil.

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