Misahuallí: poca selva, mucho fuego

En Misahuallí no la pasamos tan mal. A pesar de que cuando llegamos nos interceptaron varios vendedores de tour quienes nos trataban de convencer que compráramos una ida en canoa hasta una comunidad aborigen, que nos mostraría como viven ellos y después te danzan y te enseñan alguna que otra cosa más. Después descubrimos que la supuesta comunidad es todo un montaje para el turista y que son solo empleados que viven en Misahuallí. Preguntando también descubrimos que para ir a una verdadera comunidad había que viajar 2 dias en bote y meterse en la espesura de la selva.
La verdad es que al principio nos sentimos un poco desilusionados pero con solo levantar la vista y ver la espesa selva que se encontraba a nuestro alrededor hizo que todo valiera la pena. La cantidad de especies de plantan con un verde único que te muestra que hay vida, la diversidad de flores, no como las conocemos sino de formas raras y cada una con belleza propia. Las aves cantando, cada una desde lo lejos en la profundidad de la selva. Se las escuchaba en un compás único como dándote la bienvenida a su casa.
Sabíamos que la íbamos a pasar bien, estábamos con amigos en un lugar realmente único, la selva, ese lugar soñado por algunos, temido por otros, y nosotros ya estabamos ahí y había que aprovecharlo al máximo.

Los 6 argentinos habíamos decidido ir a conocer la selva ecuatoriana. Íbamos a intentar llegar a dedo, si era en grupo mejor y si no, como fuera posible. Había que llegar hasta Puerto Napo primero. Rulo y Euge fueron en el primer auto que paró y llegaron como una hora y media antes que los 4 viejos, que terminamos llegando en bondi. En Puerto Napo hacían 30 grados y había 120% de humedad, así que experimentábamos la sensación de derretirnos que ya había vivido algún verano en Resistencia o Tucumán. Comimos unos salchipapas y unas hamburguesas y tomamos otro bus hasta nuestro destino.
José, el anfitrión de Baños, nos había dado mucha info, pero toda mal. Nos dijo que había una cabaña para 4 personas que salía 20, en realidad eran 20 por persona, nos dijo que se podían ver muchos animales y lo único que había eran 4 monos en la plaza y que encima están ahí porque la policía turística le lleva todos los días bananas y otras frutas para que los monitos anden por ahí, así los turistas pueden sacar fotos. Y así es todo en Misahuallí, lo que tiene relación con la naturaleza se disfraza y se usa para la explotación turística y ya no se puede disfrutar de algo natural.

img_3016
Después de salir corriendo de las cabañas que nos había recomendado José, seguimos caminando e intentando llegar a alguna comunidad indígena, para ver si llegando por nuestros propios medios podíamos charlar para ver si era posible alojarnos con ellos. Llegamos hasta una comunidad que era uno de los paseos que nos quisieron vender apenas nos bajamos del bus. Nosotros llegamos caminando media hora y nos querían cobrar como 30 dólares por cruzarnos en balsa y 10 para entrar a la comunidad (o eso entendimos, porque nos dijeron como 10 precios para todo tipo de paseos, ya que cada vez que le decíamos que algo no nos interesaba o nos parecía caro, nos ofrecían otra cosa). La “comunidad” en realidad es un hotel muy bonito, todo hecho de madera, que explota alguien y tiene empleados que viven en un barrio que está a unos 5 minutos. Mientras peleábamos el precio apareció el nene con la boa para que saquemos la foto y pasó caminando un papagayo que tienen de mascota. Nos dimos cuenta que no era lo que nosotros buscábamos, todo era demasiado falso y más caro que lo que podíamos conseguir cerca del centro. Así que pegamos la vuelta y nos fuimos a un lugar que tenía una habitación para 8 personas y nos cobraba 5 dolaritos a cada uno. Apenas llegamos y dejamos las mochilas, nos metimos en el río, que tenía una temperatura ideal para apagar el calor que nos estaba reventando hacía horas. Claro que nos metimos con una precaución fundamental, en el Amazonas no se puede hacer pis porque hay un pez que al sentir el amoniaco se mete por el pene o la vagina y la única forma de sacarlo es con cirugía (me imagino la cara de dolor de todos los lectores al imaginarse la situación).
Solo se podía cocinar en la parrilla, ¡uh, qué problema! Tuvimos que hacer un pollo al disco (pero sin disco). Como no fue suficiente con el fuego para cocinar, el piromaniaco de Nico sugirió hacer una fogata en la playa del río. Obvio que era totalmente innecesario hacer una fogata en un lugar que hacen 25 grados de noche, pero le dimos el gusto y por supuesto que todos lo disfrutamos, especialmente Rulo que descubrió que también lleva un piromaníaco adentro y no se cansó de tirar leña al fuego, hasta que Lu lo retó.

Al otro día nos levantamos y después de tomar unos mates y charlar si le dábamos plata a las international travel agency que hacen turismo comunitario o si íbamos a conocer la Cascada de las Latas y gastábamos lo menos posible. Obvio que ganó esa alternativa. Tomamos un bus y nos bajamos en la entrada al complejo de la cascada, logramos que nos cobraran 1,50USD y empezamos a caminar. Por fin estábamos conociendo la verdadera selva. Íbamos asombrados mirando los altos árboles, caminando por un caminito tapado por la sombra de las pesadas hojas y resbaloso por la humedad de las piedras. Cruzamos una laguna hermosa, que se formaba por el agua que cae desde la cascada, nos gustó tanto que dijimos que a la vuelta nos quedaríamos un rato ahí.

Seguimos moviéndonos y de repente vimos la cascada. No es solo una fuente de agua, está rodeada de verde, de árboles enormes y de piedras que a lo largo de los siglos se han ido transformando hasta tener una forma cuadrada.

img_3076

El agua era un poco fría, ideal para la temperatura que nos rodeaba. Nos metimos abajo del agua que caía fortísimo y castigaba terriblemente las espaldas y la forma en que nos salpicaba hacía que todo fuera disfrutable al máximo y que por el cuerpo corriera una sensación de felicidad que estallaba en la cara en forma de sonrisa. También nadamos un poco en la laguna que se formaba gracias a la cascada y que se hacía bastante profunda.

img_3070

Comimos sobre las piedras unos sandwiches con cosas que habíamos comprado en una de las pocas tiendas del pueblo. Luego seguimos disfrutando del asombroso lugar durante un rato más y después empezamos a bajar hasta la laguna que habíamos visto cuando llegamos. Ahí nos quedamos otro rato largo. La verdad que sentíamos que el paisaje era paradisíaco, de un lado llegaba una cascada y del otro se veía una laguna con agua trasparente.

img_3109

Por la corriente del agua se formó un tobogán natural. Yo estaba tan emocionado que me comportaba como un niño, y se sabe que es peligroso que los niños corran por las piedras mojadas y resbaladizas, porque pueden terminar así:

img_3114
Un resbalón no es caída,  pero cuatro sí

Euge y Rulo tenían que volver para tomar un bus así iban hasta Quito, así que decidimos que era suficiente disfrute por ese día, pero en el camino de regreso vimos a unos chicos tirándose en una pequeña laguna desde una cuerda. Los hombres no pudimos rechazar la tentación, excepto Rulo que no se quiso mojar porque se le iba a hacer tarde para tomar el bus.

img_3171
El famoso Tarzán cordobés

Después que Rulo y Euge se fueron, volvimos a prender fuego y Lu hizo unas tortas a la parrilla, que terminaron siendo a las llamas porque en Ecuador tienen las parrillas muy altas y usan toda una bolsa de carbón a la vez, así que con nuestro método y leña no se hacían. Acompañamos las tortas con mate en abundancia, mientras afuera del quincho caía una buena tormenta. A la noche queríamos comer liviano y barato, así que fuimos a comprar unas frutas. Aunque sea extraño, cerca de la selva hay poca variedad de fruta y es más cara que en las ciudades. Otra vez fue noche de buenas charlas y nos quedamos varias horas conversando sobre nuestras vidas y los proyectos para cuando volvamos.

Al día siguiente hicimos dedo desde Misahuallí y en apenas dos escalas llegamos a Quito. El segundo tipo que nos llevó se creía director de parque de diversiones o era morboso,  nos llevaba en la parte de atrás de la camioneta en un camino de curvas a más de 100 km por hora, Lau fue mareada todo el viaje pero logró llegar bien.

En Quito nos encontramos con gente que nos recibiría como si fuéramos familia, y disfrutamos mucho de la capital ecuatoriana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s