De Leticia a Manaos en barco por el Amazonas

Antes que nada, tengo que decirle al lector que todo el título es una mentira. De Leticia se va solo a Tabatinga, y de ahí se va a Manaos por el río Solimões, que es uno de los principales afluentes del Amazonas. Aclarado eso, ahora sí vamos con lo importante.

Datos útiles y recomendaciones

Aunque algunos colombianos nos dijeron que existe una ruta para llegar a Leticia por tierra, no existe en el mapa y desde Bogotá son como 5000 kilómetros. Así que seguramente van a ir por avión, la compañía que tiene los vuelos más baratos es VivaColombia. Tengan en cuenta que cobran aparte por el equipaje y si pesa más de 12 kg lo tienen que despachar por la bodega sí o sí y cuesta 55000 por cada mochila. El pasaje más barato es desde Bogotá. Cuando llegan a Leticia tienen que pagar un impuesto por fomento al turismo, así que lleguen con plata. El valor del impuesto es de 21000 por persona.
Recuerden sellar la salida de Colombia apenas se bajan del avión en el mismo aeropuerto.
La entrada a Brasil se hace en la Policía Federal en Tabatinga. No hay un puesto fronterizo como en todas las fronteras, si no que uno tiene que ir al aeropuerto de un lado y a la policía del otro. Cuando subís al barco para ir a Manaos te revisan el pasaporte, así que hay que hacerlo sí o sí.
Para comprar el pasaje del barco hay que ir hasta Porto Voyager en Tabatinga. En el puerto hay un puesto en el que venden los pasajes, si no pregunten en el barco. El barco sale miércoles y sábados a las 12 del mediodía, pero se embarca entre las 10 y 10:30. Siempre conviene ir a averiguar el día anterior. Se puede viajar en hamaca o en camarote. El pasaje para ir en hamaca sale 200 reales pero si lo comprás el día anterior te cobran 180 reales, ah y solo se paga con reales, así que tenes que sacar o cambiar dinero del lado brasilero. Las hamacas se compran en los puestos del mercado que está a dos cuadras del puerto. Hay 3 calidades y cuestan 50, 35 y 20. Acuérdense de pedirlas con las cuerdas para colgarlas, les van a cobrar 5 reales más.

El camarote cuesta 1000 reales y se puede compartir entre 2 o 3, según lo que nos dijeron.
Arriba del barco había un cartel que decía que se pueden comprar los tickets en netbarco.com
Hay otra alternativa para hacer el viaje, que es la lancha rápida, que demora 30 horas y cuesta 470 Reales.

Otros precios útiles:
Moto taxi desde la frontera hasta la policía brasilera: 3 reales por persona. Desde el centro de Leticia a Porto Voyager 10 reales, en total en un Tuk Tuk (mototaxi para dos personas).
Hotel en Leticia: Hostel “El Hostel”: habitación doble: 50000 pesos, compartida: 20000
Excursión a la selva, 1 día: 150000

Otras recomendaciones útiles:
Los horarios de las comidas son 6:30, 11:30 y 17:30, por lo que entre una comida y otra y después de la última, hay mucho tiempo y suele dar hambre, por lo que es recomendable llevar algunos snacks, como galletas saladas y dulces y paquetes de maní y ese tipo de cosas.
Por lo menos dos veces la policía sube a revisar los bolsos, y no sabemos si porque quieren practicar idiomas o si desconfían más de los turistas, pero la primera vez a nosotros una chica nos revisó completas las mochilas y la segunda vez se demoraron un montón con unos europeos. Así que lleven todo acomodado para que la requisa sea rápida, tengan guardadas las bombachas, y no lleven drogas y tengan cuidado que tampoco se la pongan.
Traten de hacer amigos, siempre vas a necesitar alguien que te cuide el equipaje cuando quieras ir a distraerte a la plataforma de arriba o ciando vayas al baño, y hace que el viaje sea menos aburrido.
La experiencia

El único vuelo que teníamos que tomar en todo nuestro viaje, era el mismo día que sucedió la tragedia del Chapecoence, así que arrancamos un poco nerviosos y llegamos al aeropuerto con lo justo por el tráfico de Bogotá. Por suerte todo salió bien y no tuvimos problemas para llegar a Leticia. Su aeropuerto es muy chico y la gente atiende con buena onda y hay información al turista. Como el avión más barato salía un martes y el barco sale un miércoles, no pudimos conocer mucho de Leticia y Tabatinga. Pero lo poco que anduvimos nos hizo acordar a Tucumán, por el tipo de vegetación, las calles y sobre todo por el calor y la humedad.
El día que teníamos que partir llegamos al puerto un par de horas antes y aprovechamos para comprar las hamacas.
Antes de salir pusieron todas las maletas y mochilas en fila y pasó un perro olfateando, después autorizaron a subir y cada uno fue entrando al barco. Así que conviene ir rápido para poder elegir dónde colgar la hamaca. Lo ideal es cerca del timón (¿proa?) y lejos del motor (¿popa?) para tener que soportar menos ruido, y estar en la línea del centro del barco porque en los costados da más sol y las lluvias fuertes hacen que el agua entre y moje el piso donde hay que poner el equipaje.

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Apenas salimos de Leticia repartieron una mezcla dulce en base a choclo blanco. Cuando salgan de Tabatinga van a ver poca gente arriba del barco, no se ilusionen. En Benjamin Constant suben muchísimos más pasajeros. Y van a tener bastante tiempo de espera porque tienen que subir como 1800 cajones de cerveza vacía, gaseosas y bidones de agua y también descargan mercadería. La buena noticia es que suben varios vendedores ambulantes, así que se puede comprar comida lista, frutas y perfumes.

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Si Cortázar logró hacer una metáfora del mundo en uno de los mejores cuentos de la historia como es “Autopista del Sur”, si hubiera hecho este viaje ganaba el Nobel que le negaron. Como en cualquier ciudad encontramos el vecino que no respeta la medianera y quiera poner su hamaca tocando la tuya, el que no respeta los códigos de construcción y la quiere atar donde no se puede, el que pone la música fuerte sin importar si al resto de la ciudad le gusta o no lo que él quiere escuchar, el que toma un recurso público y lo convierte en privado y así se adueña del único enchufe, está el típico grupo de adolescentes histeriquiando mutuamente al lado del bar. ¡Ah, cómo no ser Cortázar para escribir el cuento más lindo del mundo mientras navego el Amazonas!
El segundo día de viaje empezó a las 6:30, pero nosotros pensamos que eran las 5:30 porque teníamos horario colombiano, cuando la gente comenzó a despertarse para ir a desayunar. A los pocos minutos paramos en un puerto y mientras esperábamos que el barco zarpara aparecieron los delfines rosados.

screenshot_2016-12-19-21-42-452Nadando en parejas o en grupo se mostraban tímidamente, dejándonos ver sus barrigas y aletas coloridas. Más adelante vimos dos aves de rapiña paradas sobre un yacaré flotando con la panza hacia arriba y totalmente rasgada.
La comida es buena, pero repetitiva, la primera cena fue una sopa con fideos y carne. El almuerzo del segundo día tenía fideos, arroz, ensalada rusa, carne y porotos; super abundante. El resto de las comidas fueron iguales, cambiaba la carne por pollo guisado o asado. Conviene estar rápido en la cola porque a veces se termina alguna de las cosas y hay postre que se termina rápido. También siempre hay café, agua caliente y agua fría.
El paisaje es monótono. Son poco más de 1000 kilómetros de río custodiado de árboles. Varía levemente la tonalidad de verdes y se pueden ver algunos grupos de casas. Pero no es un safari en el que uno va viendo animales o comunidades aborígenes.

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La actividad de los pueblos se altera con la llegada del barco

Claro que sí se disfruta de estar en el medio de la nada, y uno se pone a pensar que está haciendo una travesía soñada por tantos años. Te das cuenta que por cuatro días estás desconectado de la civilización, que no tenés noticias de lo que pasa ni tenés que preocuparte por nada, lo único que te estresa es pensar si van a repetir la comida o si le van a poner onda.
Cuando uno se aburre de ver el río, puede jugar a buscarle formas a los árboles o a las nubes, algo complicado cuando el cielo está cubierto completamente con una sola nube negra, algo que pasó en gran parte del viaje. Ah, también podes ver películas o escuchar música en el dispositivo que tengas, aprovechando que hay algunos enchufes. Es altamente recomendable llevar algún libro. Si van por Bogotá, aprovechen la zona de librerías de usados.
El barco los primeros dos días para en algunos puertos para subir y bajar cosas y personas, esa es otra distracción: ver cuantas cosas suben, calcular cuanto van a demorar, sacar fotos y si tenés una cámara con buen zoom, jugar a encontrar algo inusual en el pueblo o apuntar a algún niño jugando lejos. En definitiva, el barco es un buen lugar para quienes disfrutan de la tranquilidad para hacer un poco de autoexploración.

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Podés intentar fotografiar un rayo

Por todas las paradas con demoras que tuvo, en lugar de llegar el cuarto día a la mañana, llegamos a las 5 de la tarde a Manaos. Una hora antes se puede apreciar uno de los fenómenos espectaculares del Amazonas, el encuentro de las aguas. Se produce el encuentro entre el río Solimões y el río Negro, que por la diferencia de densidad, velocidad y temperatura, sus aguas no se mezclan y viajan juntas durante kilómetros, hasta que finalmente se convierten en el gran río Amazonas. El barco viene viajando por el río Simoes y de repente se ve agua negra a lo lejos y se va acercando, hasta que sin que te des cuenta el barco ya está navegando en el río Negro y mirando el agua comprendés de donde viene el nombre.

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2 colores, 2 ríos

Avanzando se ven las enormes industrias que florecen en Manaos, la capital del Amazonas con 2 millones de habitantes y que tuvo su auge arquitectónico en el comienzo del siglo XX.
Manaos
La terminal portuaria donde nos bajamos no tiene mucho, pero hay una especie de mercado donde hay información turística. Caminamos para el centro, hacia donde estaban supuestamente los hoteles, compramos un chip de celular para ver si teníamos alguna respuesta de Couchsurfing, el chip era una estafa porque no tenía ningún número habilitado. Cuando nos enteramos el vendedor ya se había rajado. Solucionamos el tema y terminamos en un hotel. La primera noche ya sentimos el espíritu brasilero. Fuimos a un bar, tomamos una Skol bien helada y escuchamos una buena banda haciendo música brazuca.
Al otro día quisimos ir a recorrer un poco la ciudad, pero el calor y la humedad eran tan agobiantes que no pudimos caminar mucho. Sentíamos las piernas débiles y  movernos era más difícil que cuando estuvimos en la altura de Perú. Vimos el famoso Teatro Amazonas por fuera, porque entrar cuesta 20 reales. ¿Si eso sale ver el teatro vacío, cuánto saldrá ver una obra? Fuimos a conocer el mercado, que tiene más de 100 años y caminamos por algunas zonas más. El resto del día fue descansar en el hotel. Encima a la noche, que teníamos pensado salir, llovió un montón.
Por suerte conseguimos un anfitrión de Couchsurfing en Boa Vista, camino a la Guyana, así que hacía allí partimos, con una parada de un día en Presidente Figuereido.

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