El plan (parte 1)

Michel Onfray se pregunta: ¿En qué momento comienza realmente el viaje? Y dice que las ganas, el deseo, la lectura, todo eso define el proyecto, pero ¿cuándo podemos dar por iniciado el viaje mismo? ¿Cuando tomamos la decisión de partir y de ir a un lugar en vez de a otro? ¿Cuando cerramos una maleta o un bolso de viaje? Para él, no. Para Onfray existe un momento singular, perceptible, una fecha de nacimiento evidente, un gesto signatario del comienzo: desde el movimiento de llave en la cerradura de la puerta de nuestro domicilio, cuando cerramos y dejamos atrás nuestra casa, nuestro puerto de atraque. En ese preciso instante debuta el viaje propiamente dicho. La respuesta que él plantea es técnica y realísticamente correcta, pero un viaje no se inicia en la realidad si no en la imaginación, mucho antes de que se concrete. Entonces, podríamos apartarnos de la sentencia de Onfray y hacernos nuevas preguntas: ¿Es posible que el viaje haya comenzado en el momento que googleamos información de nuestro próximo destino? ¿Es posible que la aventura arranque cuando tenemos certeza de hacia dónde vamos a ir y cuándo? O tal vez, como los deseos que se piden a un genio, el viaje comienza a materializarse cuando lo pronunciamos en voz alta, cuando anunciamos a nuestra familia que nos vamos, que dejamos todo atrás y nos vamos.

Nosotros podríamos decir que nuestro viaje empezó tres años antes de partir, cuando nació la idea y brotó el germen viajero que veníamos incubando, cuando empezó la planificación para ir a un destino totalmente diferente, como era Nueva Zelanda y empezamos a buscar información sobre cómo obtener la visa, cuanto costaban los pasajes, etc. Claro que hubo un impasse bastante grande en el que no hubo novedades sobre el viaje. Cuando retomamos la idea, el plan era diferente, el destino era diferente y los tiempos también lo eran. Entonces, si no comenzó cuando googleamos en nuestro primer intento, podríamos poner fecha de inicio cuando empezamos a informarnos y a proyectar un recorrido imaginario por Sudamérica, que luego sería real.

Como hijo de una familia trabajadora de clase media, decirle a tu familia que te vas, que dejás un trabajo estable y que vas a poner en suspenso tu carrera profesional, es uno de los pasos más difíciles que uno tiene que dar cuando está decidido a irse. Es el momento en el que hay que enfrentar todos los prejuicios y obstáculos que te plantea la sociedad, esas preguntas que cruzan afiladas en el destino y los deseos de uno. ¿De qué van a vivir? ¿Qué van a hacer a la vuelta? ¿No es demasiado peligroso? ¿Y por qué mejor no se toman unas vacaciones nomás a algún lugar más seguro? ¿Y cómo se van a mover? ¿No es peligroso hacer dedo con una mujer? Todas esas preguntas que te tiran para abajo cuando vos estás tomando impulso para saltar hacia arriba, entonces ese momento nosotros lo estiramos lo máximo posible hasta que tuvimos que avisar que sí, que eso que habíamos dejado deslizar como una posibilidad ya era un plan concreto y estábamos decididos a hacerlo.

Para ese momento, cuando le contamos a todo el mundo que nos íbamos (excepto a mi jefe, quien jamás se enteró que yo me iba sí o sí y gracias a eso pude irme del trabajo con algo de plata), el plan ya estaba bastante avanzado. Sabíamos que la forma de recorrer Sudamérica sería completando un círculo, o lo más parecido a un círculo que se puede trazar en un mapa, cruzando una cordillera, varias fronteras y docenas de ríos. Dentro de ese círculo comenzamos a dibujar los puntos de los posibles lugares que queríamos conocer. Cada vez que uno encontraba un lugar interesante lo marcaba en el mapa que habíamos creado en Google Maps, sabiendo que teníamos un tiempo para recorrer todo (yo tenía que estar a mediados de febrero en Córdoba para tomar exámenes en la facultad) y un presupuesto máximo que no queríamos superar. Esas son las dos variables que no podíamos modificar demasiado, sí podíamos variar en los lugares que íbamos a conocer, cuantos días quedarnos en cada uno, cómo ir de un punto al otro y qué hacer en cada uno. Y mientras nosotros encontrábamos lugares y charlábamos de nuestros descubrimientos, nuestros niños interiores nos miraban sentados con los codos apoyados en la mesa, las manos sosteniendo sus cabezas y las piernas balanceándose hacia adelante y atrás.

Como licenciado en Administración siempre me gustó planificar, organizar y proyectar ideas, y eso vicio nunca fue tan evidente como cuando tuve que planificar viajes, cada vez que tuve que hacerlo lo disfruté mucho, y esta vez no fue la excepción, a pesar de la enorme longitud del viaje que había que planificar. Para que fuera más fácil fuimos avanzando en orden de acuerdo a los países que íbamos a visitar. Como dice Onfray, la riqueza de un viaje necesita con anterioridad la densidad de una preparación. Como se dispone uno a las experiencias espirituales invitando a su alma a la apertura, a la recepción de una verdad capaz de infundir. La lectura actúa como rito iniciático, revela una mística pagana. Así fuimos leyendo todo lo que podíamos de los lugares que despertaban nuestro asombro.

Nuestra primera idea había sido cruzar por el norte argentino con rumbo a Bolivia ya que Chile lo habíamos conocido anteriormente. Pero luego nos confirmaron que hacer compras en el país transandino era mucho más barato que hacerlo en la Argentina, así que decidimos cambiar los planes para el inicio del recorrido e incluimos el norte de Chile como primera parada en el exterior. Hacia allí fuimos para poder equiparnos con todo lo que necesita un viajero: mochilas, abrigos impermeables, cámara y tablet para poder escribir el blog. Luego elegimos los destinos de Bolivia, subimos a Perú, y comenzamos a investigar la enorme cantidad de lugares interesantes que tienen aparte de Machu Picchu.

Hoy es mucho más fácil planear un viaje, para conocer destinos interesantes es cuestión de poner “Qué ver en X país” y aparecerán cientos de listas de recomendaciones. El trabajo más duro es filtrar los lugares que uno quiere conocer, ya que podemos encontrar más de 50 lugares interesantes en cada país, y por una cuestión de tiempo y dinero es imposible conocer todo, también es importante entender que no es necesario conocer lo más popular de cualquier lista, porque tal vez esos lugares no tengan nada que ver con lo que uno quiere conocer o con los intereses de uno. Por lo que nosotros empezamos a elegir a cuales queríamos y podíamos ir. Había algunos que eran innegociables, que eran los que estarían en la categoría “Sí o Sí”. El primer destino que nos sorprendió y quedó en esa categoría fue la Huacachina. Al enterarnos que había un oasis en el medio del desierto fue asombroso. Cuando encontrás en el mapa un lugar que no tenías idea que existía, con un paisaje que solo viste en películas y empezás a entender que hay una posibilidad real de conocerlo, experimentás una sensación mezcla de alegría y adrenalina, es empezar a palpitar las sensaciones que el cuerpo vivirá dentro de varios meses y miles de kilómetros más tarde. Lo mismo nos pasó cuando veíamos las fotos de la  Laguna 69 en Huaraz, en el norte de Perú, era mirar cientos de fotos con una sonrisa que no se borraba y expresiones de asombro exagerado en la cara: “¡¡¡Mirá lo que es eso!!!” “Eso debe tener photoshop”.  Lo trascendental de leer esos post, de unir los puntos en la ruta, de mirar las fotos y conocer la historia de los lugares a visitar, es que al llegar allí no estamos encontrando un sitio, si no reencontrándolo.

 

 

 

 

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. viajaracolombia dice:

    Por cierto, si me lo permitís, os comparto esta humilde guía de Colombia que estamos elaborando entre varios enamorados del país.

    Está actualizada y tiene toneladas de info útil para moverse por Colombia (aunque todavía nos faltan muchos destinos por añadir).

    Puedes visitar mi guía para viajar a Colombia si quieres revisar toda la información.

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    1. nicobonder dice:

      Hola, gracias por comentar! Yo tengo algo de información sobre Tayrona y sobre el viaje de Leticia a Manaos, por si la quieren usar. Saludos..

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  2. viajaracolombia dice:

    Espectacular la ruta que tenéis planeada 🙂

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